GUÍA DE ORACIÓN

SEMANA DEL 14 AL 23 DE JUNIO
DISPOSICIÓN
- Diríjase a su altar o a un lugar en el que pueda concentrarse, en donde no haya interrupciones. Ojalá fuera su cuarto de oración.
- Ponga música instrumental para acompañar: 1 HORA MUSICA PARA ORAR Y MEDITAR | SIN ANUNCIOS INTERMEDIOS | RENUEVAME - YouTube
- En esta oportunidad siéntese, ponga las manos sobre sus muslos con la palma arriba.
- Active su sentido de la vista, observe dos cosas que llamen su atención de su entorno, piense de qué color es, cómo es su forma, qué es, para qué sirve y qué transmite a su cuerpo.
- Respire lentamente, haga 5 respiraciones silenciosas, mientras inhala profundamente cuente en su mente hasta 4, sostenga el aire y en la mente cuente hasta 2, mientras exhala cuente en su mente hasta 6.
- Mientras continúa normalizando la respiración repita en su mente la jaculatoria RAHAMA, que significa MISERICORDIA en hebreo.
CLAVES DE ORACIÓN
- Haga la señal de la cruz para iniciar la oración
- Encienda una vela (puede ser de las comunes o de las que hoy en día venden de pilas)
Entre en diálogo con Dios pidiendo en primer lugar la presencia del Espíritu Santo (Rom. 8, 26 - 27)
Ayúdese con la canción: Cantos a Espíritu Santo - Jésed
¿Qué te dice Dios a través de la letra de la canción?
4. En esta semana vamos a estar meditando sobre las bienaventuranzas:
«Dichosos los que tienen espíritu de pobres, porque de ellos es el reino de los cielos.
»Dichosos los que sufren, porque serán consolados.
»Dichosos los humildes, porque heredarán la tierra prometida.
»Dichosos los que tienen hambre y sed de la justicia, porque serán satisfechos.
»Dichosos los compasivos, porque Dios tendrá compasión de ellos.
»Dichosos los de corazón limpio, porque verán a Dios.
»Dichosos los que trabajan por la paz, porque Dios los llamará hijos suyos.
»Dichosos los perseguidos por hacer lo que es justo, porque de ellos es el reino de los cielos.»Dichosos ustedes, cuando la gente los insulte y los maltrate, y cuando por causa mía los ataquen con toda clase de mentiras.
Alégrense, estén contentos, porque van a recibir un gran premio en el cielo; pues así también persiguieron a los profetas que vivieron antes que ustedes.
San Mateo 5, 3-12
DOMINGO 21 DE JUNIO
1. Interioriza la bienaventuranza
Dichosos los perseguidos por hacer lo que es justo, porque de ellos es el reino de los cielos.
2. Analiza tu vida a la luz de la bienaventuranza
En presencia de Dios, pide la gracia de mirar tu vida con sinceridad.
Pregúntate:
¿Permanezco fiel a lo que es bueno y justo, aunque otros no lo comprendan o se burlen de mí?
¿He dejado de hacer el bien por miedo a ser rechazado, criticado o quedarme solo?
¿Qué invitación me hace hoy el Señor para seguirlo con mayor valentía?
Escribe aquello que descubres al dejar que Dios ilumine tu corazón.
3. Dialoga con Dios
Pídele al Señor que te conceda la gracia de buscar siempre su mayor gloria y no tu propia comodidad.
Pídele que no te de miedo hacer el bien, aunque ello implique esfuerzo o incomprensión.
Pídele que te haga libre de todo aquello que te impide seguirlo con un corazón generoso
Pídele que te enseñe a elegir siempre lo que más te acerque a Él y lo que te ponga al servicio de los demás.
Pídele perdón por las veces que has sido injusto con alguien y por las veces que has visto injusticias y no has hecho nada.
Da gracias por las veces que has percibido la justicia divina en tu vida y por las veces que has visto la bondad del Señor.
4. Haz un compromiso
Hoy me comprometo a actuar con honestidad y justicia, incluso cuando hacerlo no sea lo más fácil o lo más popular.
Que, al final de este día, pueda reconocer que en mis decisiones he buscado amar y servir, encontrándote en todo y sirviéndote en los demás.
SÁBADO 20 DE JUNIO
1. Interioriza la bienaventuranza
Dichosos los que trabajan por la paz, porque Dios los llamará hijos suyos.
La paz comienza en el corazón y se construye cada día con palabras, actitudes y decisiones que unen en lugar de dividir.
2. Analiza tu vida a la luz de la bienaventuranza
Reflexiona:
¿Soy una persona que promueve la paz en mi familia, en el colegio y con mis amigos?
¿Mis palabras ayudan a reconciliar o generan conflictos?
¿Estoy dispuesto a perdonar y a dar el primer paso para reconstruir una relación?
Escribe una situación en la que hoy puedas ser un instrumento de paz.
3. Dialoga con Dios
Pídele a Dios que llene tu corazón de paciencia, de comprensión y de misericordia.
Pídele que te ayude a responder con bondad cuando surjan los conflictos y a sembrar paz con tus palabras, con tus gestos y con tus acciones.
Pídele que haga de ti un reflejo de su paz para que quienes te rodean puedan descubrir su amor en ti.
Pídele perdón por las veces que no has sido instrumento de su paz y se la has robado a otros.
Da gracias por la paz que te regala en medio de las tormentas de la vida.
4. Haz un compromiso
Hoy me comprometo a ser constructor de paz: evitaré las discusiones innecesarias, hablaré con respeto y buscaré reconciliarme con quien tenga alguna diferencia.
VIERNES 19 DE JUNIO
1. Interioriza la bienaventuranza
Dichosos los de corazón limpio, porque verán a Dios.
Un corazón limpio es aquel que busca amar con sinceridad, actuar con rectitud y dejar que Dios transforme sus pensamientos, palabras y acciones.
2. Analiza tu vida a la luz de la bienaventuranza
Reflexiona:
- ¿Mis pensamientos, palabras y acciones reflejan el amor de Dios?
- ¿Hay sentimientos como el orgullo, la envidia, el rencor o la mentira que ensucian mi corazón?
¿Qué puedo hacer para cuidar mi corazón y acercarme más a Dios?
Escribe aquello que hoy deseas purificar y poner en las manos del Señor.
3. Dialoga con Dios
Cierra tus ojos y guarda silencio un momento, trata de comprender qué te dice Dios
Cuéntale al Señor tus alegrías, tus luchas y también aquello que necesitas cambiar.
Pide al Señor que limpie tu corazón de todo lo que te aleja de Él.
Pide que te ayude a pensar, hablar y actuar con amor, sinceridad y bondad.
Pide que puedas descubrir su presencia en cada persona y en cada momento de tu vida.
Pide que tu corazón se parezca cada día más al suyo.
4. Haz un compromiso
Hoy me comprometo a cuidar mi corazón, evitando aquello que me aleja de Ti y procurando que mis palabras y acciones reflejen tu amor.
JUEVES 18 DE JUNIO
1. Interioriza la bienaventuranza
Dichosos los compasivos, porque Dios tendrá compasión de ellos.
Jesús nos enseña que la compasión es mucho más que sentir lástima por quien sufre. Ser compasivo es dejar que el dolor del otro toque nuestro corazón y nos impulse a actuar con amor, misericordia y solidaridad. Dios ha sido infinitamente compasivo con nosotros; por eso, también nos llama a ser instrumentos de su ternura y de su perdón.
2. Analiza tu vida a la luz de la bienaventuranza
Tómate un momento para reflexionar:
¿Soy capaz de ponerme en el lugar de quienes sufren o juzgo sin conocer su realidad?
¿Cómo reacciono cuando un compañero, un familiar o un amigo necesita ayuda?
¿Perdono con facilidad o guardo resentimientos que endurecen mi corazón?
¿Mis palabras alivian el dolor de los demás o, por el contrario, pueden herirlos?
¿Estoy atento a las necesidades de quienes me rodean o paso de largo ante sus dificultades?
¿Qué persona necesita hoy de mi comprensión, mi perdón o un gesto de cercanía?
Escribe en tu libreta aquello que descubres sobre la manera en que vives la compasión en tu vida cotidiana y qué aspectos deseas transformar.
3. Dialoga con Dios
3.1. Da gracias a Dios porque:
Ha sido compasivo contigo.
Nunca deja de amarte y de darte una nueva oportunidad a pesar de conocer tus debilidades y tus errores.
3.2. Pide perdón por las veces en que:
Has cerrado tu corazón al dolor de los demás.
Has juzgado sin comprender,
Has respondido con dureza o has sido indiferente frente a quien necesitaba una palabra de ánimo, un gesto de ayuda o simplemente tu presencia.
3.3. Pide al Señor que:
Te regale un corazón semejante al suyo: sensible ante el sufrimiento, generoso para servir y dispuesto a perdonar. Te enseñe a mirar a cada persona con sus ojos, reconociendo en ella a un hermano o una hermana amados por Él.
Tu vida sea un reflejo de su misericordia y que quienes se encuentren contigo puedan experimentar un poco de su amor.
4. Haz un compromiso
Hoy me comprometo a vivir la compasión con acciones concretas. Buscaré escuchar con atención a quien necesite ser comprendido, ofreceré ayuda a quien esté pasando por una dificultad y procuraré perdonar de corazón a quien me haya ofendido.
MIÉRCOLES 17 DE JUNIO
1. Interioriza la bienaventuranza
Dichosos los que tienen hambre y sed de la justicia, porque serán satisfechos.
Jesús nos invita a tener un corazón que anhele la justicia, no solo para nosotros, sino también para los demás. Tener hambre y sed de justicia significa desear que el bien prevalezca, que cada persona sea tratada con dignidad, que la verdad sea respetada y que nuestras acciones reflejen el amor de Dios. Quien vive la justicia no permanece indiferente ante el sufrimiento, la exclusión o el mal, sino que busca construir un mundo más fraterno desde sus palabras y acciones.
2. Analiza tu vida a la luz de la bienaventuranza
Tómate un momento para reflexionar:
¿Actúo con honestidad y rectitud, incluso cuando nadie me está observando?
¿Trato a todas las personas con el mismo respeto, sin excluir, juzgar o discriminar?
¿Defiendo a quien es tratado injustamente o prefiero guardar silencio para evitar problemas?
¿Soy justo en mis palabras, mis decisiones y la forma en que trato a mi familia, compañeros y amigos?
¿Busco siempre la verdad o, en ocasiones, permito que la mentira, el egoísmo o la comodidad guíen mis acciones?
¿Qué puedo hacer para ser un instrumento de paz, reconciliación y justicia en los lugares donde vivo?
Escribe en tu libreta aquello que descubres sobre tu deseo de vivir la justicia que nace del Evangelio.
3. Dialoga con Dios
Pide perdón por las veces en que has sido injusto con tus palabras, tus juicios o tus acciones.
Pide perdón por las veces que has permanecido indiferente frente al sufrimiento de otros o cuando has pensado solo en tu propio bienestar.
Pide al Señor que ponga en tu corazón hambre y sed de hacer el bien.
Pide que nunca te acostumbres a la injusticia ni al sufrimiento de quienes te rodean.
Pide que te enseñe a buscar siempre la verdad, a actuar con honestidad y a construir relaciones marcadas por el respeto y la solidaridad.
Pide que haga que cada decisión que tomes refleje su amor y que tu vida sea un testimonio de que la justicia comienza en los pequeños gestos de cada día.
4. Haz un compromiso
Hoy me comprometo a vivir la justicia comenzando por las pequeñas acciones de cada día: decir siempre la verdad, respetar la dignidad de cada persona, cumplir con responsabilidad mis deberes y defender con valentía a quien sea tratado injustamente.
MARTES 16 DE JUNIO
1. Interioriza la bienaventuranza
Dichosos los humildes, porque heredarán la tierra prometida.La humildad no es pensar menos de uno mismo, sino reconocer con sinceridad quién soy delante de Dios y de los demás. Una persona humilde sabe agradecer sus dones, reconoce sus errores, aprende de los otros y pone sus capacidades al servicio del bien común. Jesús, manso y humilde de corazón, nos enseña que la verdadera grandeza nace del servicio y del amor.
2. Analiza tu vida a la luz de la bienaventuranza
Tómate un momento para reflexionar:
¿Reconoces con sencillez tus fortalezas y también tus limitaciones? ¿Por qué te cuesta?
¿Te cuesta aceptar una corrección o aprender de quienes piensan diferente? ¿Por qué te cuesta?
¿Busco sobresalir para recibir reconocimiento o procuro servir con generosidad, aunque nadie lo note?
¿Soy capaz de pedir perdón cuando me equivoco y de perdonar con humildad a quienes me han herido?
¿Escucho a los demás con respeto o creo que siempre tengo la razón?
Escribe en tu libreta aquello que descubres sobre las actitudes que fortalecen tu humildad y aquellas que aún necesitas entregar a Dios.
3. Dialoga con Dios
Pide perdón por las veces en que tu orgullo te hace querer imponer tus ideas, buscar el reconocimiento o creer que no necesitas de los demás.
Pide perdón por las veces en las que la soberbia ha ocupado el lugar que solo a le corresponde a Dios.
Pide a Dios que te enseñe a vivir con un corazón sencillo, capaz de reconocer tus errores sin miedo y de valorar los dones que le has dado a cada persona.
Pide a Dios que nunca te sientas superior ni inferior a nadie, sino hijo amado del Padre y hermano de todos.
Pide al Señor que te de la humildad para escuchar antes de hablar, para servir antes que ser servido y para alegrarte por el bien de los demás.
Pide al Señor que tu vida refleje la mansedumbre con la que Él conquisto el mundo: no con la fuerza, sino con el amor.
Pide que tu mayor deseo no sea destacar, sino cumplir su voluntad y construir su Reino con sencillez.
4. Haz un compromiso
¿Cómo puedo parecerme más a Jesús, que eligió el camino de la humildad y del servicio?
LUNES 15 DE JUNIO
1. Interioriza la bienaventuranza
»Dichosos los que sufren, porque serán consolados.
2. Analiza tu vida a la luz de la bienaventuranza
Tómate un momento de silencio y reflexiona:
¿Qué heridas o tristezas cargo en este momento de mi vida?
¿He intentado consolar a alguien que sufre, o he pasado de largo?
¿Dejo que mi dolor me acerque a Dios, o me aleja de Él?
Escribe con sinceridad lo que el Espíritu te muestre.
3. Dialoga con Dios
Reconoce ante Dios que sabes que Él conoce el peso que llevas en el corazón.
Preséntale tus lágrimas, tus miedos y tus heridas que aún no sanan.
Pídele que te enseñe a no huir del dolor, sino a encontrarlo en él.
Pídele que te ayude a confiar en su promesa de consuelo, porque sabes que ningún sufrimiento ofrecido a Él queda en vano.
Pídele que te ayude también a ser bálsamo para quienes lloran a tu lado.
4. Haz un compromiso
Hoy me comprometo a:
Acercarme con un gesto concreto de consuelo a una persona que esté sufriendo —con una llamada, una visita o una oración— recordando que Dios consuela a través de mis manos.
"Bendito sea Dios, Padre de toda consolación, que nos consuela en toda tribulación." — 2 Corintios 1,3-
DOMINGO 14 DE JUNIO
1. Interioriza la bienaventuranza
Dichosos los pobres de espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos.
2. Analiza tu vida a la luz de la bienaventuranza
Examino mi vida y descubro las riquezas que me esclavizan: el apego al reconocimiento, la necesidad de tener siempre la razón, el miedo a perder lo que he conseguido, la dificultad para reconocer mis errores. Veo también las veces que he despreciado a los humildes, a los pequeños, a quienes el mundo considera insignificantes, sin darme cuenta de que en ellos brillaba tu rostro.
¿Dónde está mi verdadera pobreza? ¿En qué rincones de mi alma necesito vaciarme para que Tú puedas llenarme?
3. Dialoga con Dios
Señor, en este momento de silencio, me detengo para mirar honestamente quién soy delante de Ti.
Pide al Señor que te enseñe el camino de la verdadera bienaventuranza.
Pide perdón al Señor por las veces que te has dejado llevar de la búsqueda de la felicidad fácil que el mundo promete y que se desvanece,
Pídele la gracia de buscar la dicha profunda de quien se sabe amado por Dios sin merecerlo.
Pídele al Señor que te hable al corazón, que con su Espíritu te muestre qué significa ser pobre de espíritu hoy, en tu realidad concreta, con tus circunstancias, tus luchas y tus sueños.
Pídele que te permita entender que su Reino no es para los que se creen llenos, sino para los que reconocen su vacío y te lo entregan.
Pídele a Jesús, quien es manso y humilde de corazón, que te permita tener un corazón semejante al de Él, que te permita aprender su humildad que no se humilla por debilidad, sino por amor; la sencillez que no se avergüenza de su pequeñez porque confía en su grandeza.
4. Haz un compromiso
Pedir perdón con humildad cuando me equivoque, sin justificarme ni esconder mi fragilidad.
